Hace unos instantes que he dejado, definitivamente, "Homero, Iliada", un libro de Alesandro Baricco sobre la mesita, preparado para en la fría mañana que llegará en unas horas, volver a su correspondiente sitio en la estantería de la biblioteca municipal.
El libro, una versión en prosa del poema épico de Homero, donde Baricco añade pequeños fragmentos de palabras, muy suyas, termina con una breve pero increíble reflexión del autor. He tenido que leerla una segunda vez, hasta poder llegar a lo profundo de sus palabras y los significados verdaderos de estas. Me ha conmovido, por eso he rescatado algunos fragmentos.
Aquí tenéis... pero no dejéis de leer este magnífico libro.
"La Ilíada deja entrever una civilización de la que los griegos no fueron capaces y que, a pesar de todo, habían intuido, y conocían, y hasta custodiaban en un rincón secreto y protegido de su sentir. Llevar a cabo esa intuición es tal vez lo que la Ilíada no propone como herencia, como tarea, como deber.
¿Cómo llevar a cabo esa tarea? También sobre esto me parece que el poema homérico tiene algo que enseñarnos. Y lo hace desde su rasgo más evidente y escandaloso: su rasgo guerrero y masculino. Es indudable que esta historia presenta la guerra como una salida casi natural de la convivencia civil. Pero no se limita a ello: hace algo bastante más importante y, si se quiere, intolerable: canta la belleza de la guerra, y lo hace con una fuerza y una pasión memorables. (...)
Se diría que todo, desde los hombres hasta la tierra,alcanza durante la experiencia de la guerra el momento de su más alta realización, estética y moral. (...)
Decir y enseñar que la guerra es un infierno y nada más es una mentira nociva. Por muy atroz que pueda sonar, es necesario acordarse de que la guerra es un infierno, pero bello. Desde siempre los hombres se lanzan a ella como falenas atraídas por la luz mortal del fuego. No hay miedo u horror que hayan conseguido mantenerlos alejados de las llamas: porque en ellas siempre han encontrado la única redencion posible ante la penumbra de la vida. Por ello, la tarea de un pacifismo verdadero tendría que ser hoy no tanto demonizar hasta el exceso la guerra, sino comprender que sólo cuando seamos capaces de otra belleza podremos prescindir de la que la guerra, desde siempre, nos ofrece. Construir otra belleza es tal vez el único camino hacia una auténtica paz. Demostrar que somos capaces de iluminar la penumbra de la existencia sin recurrir al fuego de la guerra. Dar un sentido, fuerte, a las cosas, sin tener que llevarlas hasta la luz, cegadora, de la muerte. Poder cambiar el destino de uno mismo sin apoderarse del del otro; lograr que circulen el dinero y la riqueza sin tener que recurrir a la violencia; encontrarse a uno mismo en la inmensidade de lugares y momentos que no sean una trinchera;... En fin, otra belleza, si es que comprendeis lo que quiero decir. (...) "
El libro, una versión en prosa del poema épico de Homero, donde Baricco añade pequeños fragmentos de palabras, muy suyas, termina con una breve pero increíble reflexión del autor. He tenido que leerla una segunda vez, hasta poder llegar a lo profundo de sus palabras y los significados verdaderos de estas. Me ha conmovido, por eso he rescatado algunos fragmentos.
Aquí tenéis... pero no dejéis de leer este magnífico libro.
"La Ilíada deja entrever una civilización de la que los griegos no fueron capaces y que, a pesar de todo, habían intuido, y conocían, y hasta custodiaban en un rincón secreto y protegido de su sentir. Llevar a cabo esa intuición es tal vez lo que la Ilíada no propone como herencia, como tarea, como deber.
¿Cómo llevar a cabo esa tarea? También sobre esto me parece que el poema homérico tiene algo que enseñarnos. Y lo hace desde su rasgo más evidente y escandaloso: su rasgo guerrero y masculino. Es indudable que esta historia presenta la guerra como una salida casi natural de la convivencia civil. Pero no se limita a ello: hace algo bastante más importante y, si se quiere, intolerable: canta la belleza de la guerra, y lo hace con una fuerza y una pasión memorables. (...)
Se diría que todo, desde los hombres hasta la tierra,alcanza durante la experiencia de la guerra el momento de su más alta realización, estética y moral. (...)
Decir y enseñar que la guerra es un infierno y nada más es una mentira nociva. Por muy atroz que pueda sonar, es necesario acordarse de que la guerra es un infierno, pero bello. Desde siempre los hombres se lanzan a ella como falenas atraídas por la luz mortal del fuego. No hay miedo u horror que hayan conseguido mantenerlos alejados de las llamas: porque en ellas siempre han encontrado la única redencion posible ante la penumbra de la vida. Por ello, la tarea de un pacifismo verdadero tendría que ser hoy no tanto demonizar hasta el exceso la guerra, sino comprender que sólo cuando seamos capaces de otra belleza podremos prescindir de la que la guerra, desde siempre, nos ofrece. Construir otra belleza es tal vez el único camino hacia una auténtica paz. Demostrar que somos capaces de iluminar la penumbra de la existencia sin recurrir al fuego de la guerra. Dar un sentido, fuerte, a las cosas, sin tener que llevarlas hasta la luz, cegadora, de la muerte. Poder cambiar el destino de uno mismo sin apoderarse del del otro; lograr que circulen el dinero y la riqueza sin tener que recurrir a la violencia; encontrarse a uno mismo en la inmensidade de lugares y momentos que no sean una trinchera;... En fin, otra belleza, si es que comprendeis lo que quiero decir. (...) "

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