domingo, 21 de febrero de 2010

Sweet Disposition.









Songs of desperation.
I played them for you.
A moment.
A love..
A dream..
A loud.
A kiss..
A cry..
Our rights.
Our wrongs.
A moment.
A love..
A dream..
Aloud.

More Life.

Jueves 18.

Son las 20h30 y yo todavía sigo en el hospital despues de casi dos horas. Ninguna novedad, ningún cambio. Todo está bien, todo va despacio. En la habitación 506 de la quinta planta se respira ilusión, algo ansiosa ya... y, por qué no? Un poco de nerviosismo, también.


Viernes 19.

Son las 07h51. "Buenos días, tía!!".
Un abrazo, aún acostada en cama, de la que ya es ahora abuela. Un desayuno de sonrisas, y una mañana deseando que por una vez el tiempo pase volando.
De nuevo en el hospital, por la tarde. Esta vez, habitación 210 de la tercera planta : recién nacidos. Entro en la habitación, y verlo me da un vuelco al corazón. Qué felicidad.
Decirle a mi hermana "Un día te llaman madre, y lo eres toda la vida." Y un abrazo cómplice. Cojo al pequeño en mis brazos, y por primera vez nos miramos a los ojos (lo suyos, grandes y castaño oscuro; los míos, brillantes...). Qué amor a primera vista!





Tendré que aprender a quitar pañales.... :)

Bienvenico, pequercho.










lunes, 15 de febrero de 2010

Pensamientos II.

Cuesta deshacerse de aquellas cosas que queremos tanto.

Nos mentimos, nos torturamos con engaños sin fundamentos. Nos damos muchas explicaciones porque no sabemos nada. Nos cuesta comprender, seguir, dejar todo atrás.... donde debe quedarse.

Nos hablamos en susurros, en círculos cerrados cada vez más estrechos, intentando llegar a algún punto (inexistente en medio de tal continuidad) para poder pararnos firmemente a pensar, reflexionar.

Casi todo lo que nos mueve es abstracto... no son cosas que se puedan sujetar con la manos. No podemos estrechar el dolor, ni jugar con la felicidad como si fuese una tira elástica que nunca se rompe... Tampoco podemos determinar un cuándo, un cómo o un dónde.

Todo tiene una ligereza tan entrañable que ni nos damos cuenta cuando algo se nos une tan pesadamente al alma, convirtiendo en supérfluo cualquier intento de deshacerse de él.
Con la misma "ignorancia" desconocemos las consecuencias de ese aferramiento involuntario. Las consecuencias no se saben, nunca se saben. Y cuando llegan nos cogen por sorpresa. Consiguen robarnos un "Oh!" casi eterno. Nos pisan los talones; vigilan la espalda. Y de repente, eso que nos invadió en aquella especie se simbiosis sentimental se va con la misma facilidad con la que ha venido. Entonces..

Entonces llega el momento en que debemos de atravesar el dolor de la pérdida para poder llegar a la meta de... de cualquier olvido.

Las complicaciones surgen cuando tenemos miedo a ese dolor, o al propio olvido... y nos negamos rotundamente a dar ese paso.



Todavía y aún.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Javier Méndez

LÁGRIMAS TRISTES DEL CIELO

Camina la sombra por los prados
verdes de una húmeda primavera
entre las lágrimas de los muertos.
Camina la sombra por los prados
secos de un cálido verano
entre los rayos de las almas.

Solloza el cielo, triste
gimen las nubes que cruzan
como fantasmas que lloran
como lágrimas tristes del cielo.

Del fondo del ser
del abismo que se esconde
tras las cortinas de la carne
suena la voz
la melodía del sentimiento
atrapado entre los pliegues
de la vida:

Necesito verte serena
caminar entre los cañizos
altos del bosque gris
de cemento
que forma completa la ciudad.

No quisiera confundir
las andanzas, acechanzas
de un tiempo remoto
ido, pasado sin color
que como las estelas
de la mar, el mar
dejan rastro plateado
de su paso.

No quisiera dejar pasar
el día solo que oscuro se marchita
cubierto, enterrado por el humo
que sucio cubre las paredes
de la ciudad marchita.

Verte con la cara límpida,
fresca y secuestrada
por la sonrisa.
Oler tu cuerpo, tu voz
clara que resuena
entre las lágrimas
cubiertas de acero gris
duro que forma
la coraza de un mundo
desabrido, solitario, mudo,
abandonado entre la suciedad
de su propio destino
que sin alzar la vista
cabizbajo, llora
los paraísos perdidos, añorados.

Perdida la sangre
en el ocaso de una vida
marchita, malograda
grita desesperada
hasta desgarrar la voz
sin voz,
el silencio ausente
el silencio que desgarradamente
grita por hacerse oír:

Siento añoranza oscura
de lo oscuro que lentamente
se llena de luz.
Tengo frío, tengo miedo
el espanto cegador abrasa
la esperanza liberada.
Siento el calor de la carne
que levantándose sobre sí
se atrevió a mirar el mundo
de frente, de pie
desafiadamente, atrevidamente
con la locura en la mirada
que el transfondo transparente
adivina la nada, el sueño,
el abismo al que llaman alma.

Sentida la felicidad
de un pasado inmaculado
que quedó olvidado
pintado, salpicado de la sangre
roja de inocentes.

La tierra, fría
se estremece temblando
de los surcos que los humanos
horadan en su piel.

Desgraciadamente
hemos perdido la luz
que llena el fondo de la mirada
mirada oscura
que solo mira afuera
ojos profundos
que se adivinan vacíos
estériles, solitarios, mudos
transparentes en su mirar.

Lentamente
nos hemos hundido grises
sin llenar las horas muertas
que danzando
acechan en las sombras opacas
quietas contra la pared blanca
se adivinan sucias
miserables, profundas, huecas.
Llenar el espacio que llenan
las sombras solas,
escribir tu nombre con palabras
de viento frío
aliento vaporoso
que apenas besa tus labios.
Calladamente
se abren sitio los silencios
entre las grietas del ruido
dejando escapar un suspiro
suspiro que tirita
vaho temblón
suspiros de vida
lamenta el día
lamenta la noche
las estrellas suspiran por recoger
los restos de la vida
como lágrimas tristes del cielo.

Certezas absolutas.





Un paseo, sientiendo la arena fría, tal vez mojada, escribiendo mis huellas tras de mí. Una mirada al cielo, y el deseo de traspasar las nubes y, por qué no, viajar entre miles de universos como una estrella fugaz, dejando atrás estaciones espaciales. Encontrarse de nuevo en la tierra. Y una ola.
Una gaviota gritándome desde el cielo que corra. Mi corazón acelerado, y una respiración acompasada al ritmo del mar. El resplandor del sol sobre la blancura, centelleante, de una pequeña caracola. De nuevo, otra ola, que llega salpicándome el alma.









Ya estoy de nuevo aquí. Todo eso, en una sola mirada. Ya está dicho.

Por un momento tuve la absoluta certeza de que fue cierto.