
Es realmente necesario ver a través de un par de férreos barrotes que separan una realidad de otra en la que, según dicen, vive la llamada "buena gente"?
O es necesario haber sido condenado ante la mirada imperativa de alguién capaz de decidir tu futuro gracias, tan solo, al figurativo nombre de "juez"?
No, no es necesario.
Vivimos en una sociedad dominada por invisibles dictámenes, ataduras asfixsiantes que dominan nuestros senderos vitales.
Sociedades protagonistas de nuestras propias historias, robándonos los derechos de autor.
Sociedades avariciosas a las que nos vendemos, por adelantado, a cambio de un interminable listado de créditos e hipotecas, muchos de ambos, eternales, que solo nos proporcionan todo aquello que materialmente queremos (cabe decir que aquí es donde sale a relucir la parte del ser humano que más me asquea: vicio, avaricia, gula...ya me entienden) nos obligan, a posteriori, a permanecer perpetuamente atados a una misma situación y nos privan de aprovechar los muchos cambios que nos puede ofrecer la vida.
Sin embargo, aquellos que de algún modo u otro tomamos conciencia de esta realidad, la cual es aceptada por muchos, nos embriaga un desesperado sentimiento de ansia.
Un ansiada búsqueda de nuestra única y real libertad, aquella que nos damos o quitamos nosotros mismos, aquella libertad de espíritu, de sentimiento...
Muy pocos logramos desatarnos, con la ayuda de uñas y dientes, eso sí, de esas ataduras y limitaciones sociales que gobiernan la libertad del mundo actual. Y cuando lo hemos probado, ese sabor... ese aroma a libertad...somos incapaces de no protagonizar nuestra propia historia siendo completamente dueños del guión.
O es necesario haber sido condenado ante la mirada imperativa de alguién capaz de decidir tu futuro gracias, tan solo, al figurativo nombre de "juez"?
No, no es necesario.
Vivimos en una sociedad dominada por invisibles dictámenes, ataduras asfixsiantes que dominan nuestros senderos vitales.
Sociedades protagonistas de nuestras propias historias, robándonos los derechos de autor.
Sociedades avariciosas a las que nos vendemos, por adelantado, a cambio de un interminable listado de créditos e hipotecas, muchos de ambos, eternales, que solo nos proporcionan todo aquello que materialmente queremos (cabe decir que aquí es donde sale a relucir la parte del ser humano que más me asquea: vicio, avaricia, gula...ya me entienden) nos obligan, a posteriori, a permanecer perpetuamente atados a una misma situación y nos privan de aprovechar los muchos cambios que nos puede ofrecer la vida.
Sin embargo, aquellos que de algún modo u otro tomamos conciencia de esta realidad, la cual es aceptada por muchos, nos embriaga un desesperado sentimiento de ansia.
Un ansiada búsqueda de nuestra única y real libertad, aquella que nos damos o quitamos nosotros mismos, aquella libertad de espíritu, de sentimiento...
Muy pocos logramos desatarnos, con la ayuda de uñas y dientes, eso sí, de esas ataduras y limitaciones sociales que gobiernan la libertad del mundo actual. Y cuando lo hemos probado, ese sabor... ese aroma a libertad...somos incapaces de no protagonizar nuestra propia historia siendo completamente dueños del guión.

No hay comentarios:
Publicar un comentario